sábado, 30 de mayo de 2026

166.- 01.06.2006. TRINIDAD. CICLO A

 En el nombre del agua viva, del pan entregado y del vino de la fiesta.

En el nombre de la alegría sencilla, de la gratitud profunda y de la fiesta compartida.

En el nombre del amor que precede, de la gracia que acompaña y de la plenitud que atrae.

En el nombre de la aurora que despierta, del mediodía que esclarece y del atardecer que pacifica.

En el nombre de la belleza escondida, de la bondad cotidiana y de la verdad paciente.

En el nombre de la bondad sin frontera, de la justicia restauradora y de la paz que desarma.

En el nombre de la claridad interior, de la libertad responsable y del amor perseverante.

En el nombre de la compasión que cura, de la lucidez que orienta y de la alegría que ensancha.

En el nombre de la confianza que sostiene, de la fidelidad que permanece y de la promesa que no defrauda.

En el nombre del corazón traspasado, de la herida sanada y de la vida reconciliada.

En el nombre de la fuente escondida, del camino abierto y del fuego que purifica.

En el nombre de la hospitalidad abierta, de la mesa compartida y de la casa común.

En el nombre de la inocencia recuperada, de la madurez agradecida y de la santidad cotidiana.

En el nombre de la luz primera, de la palabra creadora y del amor que sostiene.

En el nombre de la mirada limpia, del corazón disponible y de las manos servidoras.

En el nombre de la misericordia que abraza, de la verdad que libera y de la belleza que transfigura.

En el nombre del misterio cercano, de la presencia discreta y del soplo que renueva.

En el nombre de la montaña silenciosa, del valle fecundo y del horizonte luminoso.

En el nombre de la pobreza fecunda, de la humildad luminosa y de la gratuidad desbordante.

En el nombre de la presencia que acompaña, del cuidado que protege y de la fuerza que levanta.

En el nombre de la raíz profunda, del tronco resistente y del fruto compartido.

En el nombre de la sabiduría humilde, de la inteligencia cordial y del discernimiento sereno.

En el nombre del silencio fecundo, de la escucha profunda y de la palabra que consuela.

En el nombre de la ternura originaria, de la fraternidad reconciliada y de la esperanza invencible.

En el nombre de la unidad profunda, de la diversidad celebrada y de la comunión creciente.

En el nombre de la vida que germina, de la tierra que acoge y del cielo que llama.

 

Amén. Aleluya. Aleluya. Aleluya.


carmeloampelio@gmail.com