En el nombre del agua viva, del pan entregado y del vino de la fiesta.
En el nombre de la alegría sencilla, de la gratitud profunda
y de la fiesta compartida.
En el nombre del amor que precede, de la gracia que acompaña
y de la plenitud que atrae.
En el nombre de la aurora que despierta, del mediodía que
esclarece y del atardecer que pacifica.
En el nombre de la belleza escondida, de la bondad cotidiana
y de la verdad paciente.
En el nombre de la bondad sin frontera, de la justicia
restauradora y de la paz que desarma.
En el nombre de la claridad interior, de la libertad
responsable y del amor perseverante.
En el nombre de la compasión que cura, de la lucidez que
orienta y de la alegría que ensancha.
En el nombre de la confianza que sostiene, de la fidelidad
que permanece y de la promesa que no defrauda.
En el nombre del corazón traspasado, de la herida sanada y
de la vida reconciliada.
En el nombre de la fuente escondida, del camino abierto y
del fuego que purifica.
En el nombre de la hospitalidad abierta, de la mesa
compartida y de la casa común.
En el nombre de la inocencia recuperada, de la madurez
agradecida y de la santidad cotidiana.
En el nombre de la luz primera, de la palabra creadora y del
amor que sostiene.
En el nombre de la mirada limpia, del corazón disponible y
de las manos servidoras.
En el nombre de la misericordia que abraza, de la verdad que
libera y de la belleza que transfigura.
En el nombre del misterio cercano, de la presencia discreta
y del soplo que renueva.
En el nombre de la montaña silenciosa, del valle fecundo y
del horizonte luminoso.
En el nombre de la pobreza fecunda, de la humildad luminosa
y de la gratuidad desbordante.
En el nombre de la presencia que acompaña, del cuidado que
protege y de la fuerza que levanta.
En el nombre de la raíz profunda, del tronco resistente y
del fruto compartido.
En el nombre de la sabiduría humilde, de la inteligencia
cordial y del discernimiento sereno.
En el nombre del silencio fecundo, de la escucha profunda y
de la palabra que consuela.
En el nombre de la ternura originaria, de la fraternidad
reconciliada y de la esperanza invencible.
En el nombre de la unidad profunda, de la diversidad
celebrada y de la comunión creciente.
En el nombre de la vida que germina, de la tierra que acoge
y del cielo que llama.
Amén. Aleluya. Aleluya. Aleluya.
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