sábado, 3 de octubre de 2026
184.- 04.10.2026. Tiempo ordinario 26 CICLO A
sábado, 26 de septiembre de 2026
183.- 27.09.2026. Tiempo ordinario 25 CICLO A
La fe nos transforma
Señor, nos creemos autónomos y autosuficientes.
Transfórmanos en
seres humanos
de encuentro y de
donación.
Señor, nos creemos que somos más y mejor
por los objetos o
experiencias que consumimos.
Transfórmanos en
personas sobrias
que saben descubrir
que mucho de lo más esencial de la vida
son dones
compartidos.
Señor, nos creemos que somos excelentes
porque producimos y
rendimos con mucha eficacia económica.
Transfórmanos en
seres humanos
capaces de descubrir
la dignidad y la cualidad de las personas
en su mero ser seres humanos.
Señor, muchas veces
vemos a los demás
como rivales en la
lucha por la vida.
Transfórmanos en
personas
que buscan la
cooperación, la ayuda, la solidaridad
sea cual sea el
proceso o el contexto donde se viva.
Señor, muchas veces vivimos deprisa, ansiosos, ávidos.
Transfórmanos en
seres humanos
que viven los
procesos con paciencia, con confianza, con sabiduría.
Señor, muchas veces nos centramos
en la búsqueda del
placer y la evitación del sufrimiento.
Transfórmanos en
personas
que viven su
capacidad de afrontar
las dificultades de
la entrega,
del compromiso de
los vínculos,
de la ayuda
desinteresada a los demás.
Señor, muchas veces vivimos pendientes
del reconocimiento y
de la admiración desde instancias externas.
Transfórmanos en
seres humanos
que se alimentan de
la experiencia espiritual
y viven con humildad
la vida de creyentes que les toca vivir.
Señor,
que pasemos
del tener compulsivo
al ser humilde,
del producir a
cuidar la vida de los necesitados,
del competir como
lobos para dominar a cooperar como hermanos,
del consumir a la
sobriedad consciente
del vivir
aceleradamente ávidos a profundizar buscando las fuentes de la alegría y de la
paz,
del ir por la vida
asustados y encerrados en nosotros mismos
a vivir abiertos a
los demás, a la creación y a la vida santa que nos espera.
sábado, 19 de septiembre de 2026
182.- 20.09.2026. Tiempo ordinario 25 CICLO A
Envidia
Señor, me reconozco envidioso.
Tengo una predisposición emocional contra una persona.
Me cuesta reconocer sus méritos.
Siento malestar cuando hace bien las cosas.
Quisiera que fracasara.
Me irritan ciertas conductas suyas.
Busco inmediatamente sus defectos.
Creo muchas veces que sus intenciones no son benévolas.
Siento que es una especie de oponente constante.
Comparo mis logros con los suyos.
Veo su éxito como si fuera una especie de farsa.
Minimizo sus logros.
Siento que hablo de ella con una intensidad
desproporcionada.
Me descubro comparándome repetidamente con esa persona.
Me cuesta alegrarme espontáneamente de sus éxitos.
Siento cierta sensación de alivio cuando comete un error.
Me siento habitualmente inferior ante ella sin razones
reales.
Me descubro murmurando de esa persona.
Señor, me reconozco envidioso.
Señor, sé que las emociones no desaparecen mediante el
voluntarismo de órdenes morales.
Señor, quisiera ser más consciente de las punzadas de mi
envidia que me arrastran.
Señor, quisiera superar la tentación de hacer una teoría
cómo es esa persona.
Señor, quisiera ser capaz de nombrar mis necesidades reales
y profundas cuando tengo envidia.
Señor, quisiera dar el salto y preguntarme qué puedo
aprender de esa persona.
Señor, quisiera reconocer con realismo los bienes y dones
que poseo.
Señor, quisiera poder celebrar con autenticidad el bien
ajeno
y decir de corazón que me alegro de verdad por ella.
Señor, me reconozco envidioso.
sábado, 12 de septiembre de 2026
181.- 13.09.2026. Tiempo ordinario 24 CICLO A
Señor, perdonar de corazón es muy difícil.
No puedo cambiar el pasado.
No puedo decir que aquello no fue para tanto.
No puedo minimizar el mal.
No puedo evitar el resentimiento cunado rumio y rumio.
No puedo aceptar la impunidad.
No puedo negar mi sufrimiento.
No puedo justificar demasiado simplistamente.
No puedo olvidar lo que resuena muchas veces en mi interior.
No puedo eliminar las consecuencias aquello.
No puedo recuperar necesariamente la relación .
No puedo volver a confiar de manera inmediata .
No puedo fingir unos sentimientos que todavía no existen.
Señor, perdonar de corazón es muy difícil.
Señor, que comprenda que los dañados dañan.
Señor, que comprenda lo suficiente sin justificar ni
minimizar el daño.
Señor, que no me encasquille en el agravio.
Señor, que supere mi orgullo herido.
Señor, que evite las revanchas indirectas.
Señor, que no busque aliados para alimentar el
resentimiento.
Señor, que me abra a la misericordia transformadora.
Señor, que pueda recordar sin desear el daño que castigue.
Señor, que no me quede en el desprecio permanente.
Señor, que no murmure sobre la persona que me dañó.
Señor, que llegue a mantener la distancia sin hostilidad.
Señor, que llegue a desear el bien al que me dañó.
Señor, que no me sienta superior al que me dañó.
Señor, que renuncie a una disculpa perfecta.
Señor, que cambie mi relación con ese pasado malvado.
Señor, que entienda de corazón que una persona es más que el
daño que produjo.
Señor, que las heridas no gobiernen mi vida.
Señor, que su daño no determine mis acciones conscientes.
Señor, que supere la tentación de convertirme en un juez de
los demás.
Señor, que recupere mi libertad.
Señor, que descubra qué puedo aprender del dolor recibido.
Señor, que el mal recibido no tenga la última palabra en mi
vida.
Señor, necesito tiempo para integrar sanamente la herida.
Señor, necesito humildad de corazón.
Señor, necesito superar conscientemente el deseo de devolver
el mal.
Señor, necesito recordar sin odio.
Señor, necesito aprender a perdonar.
Señor, ¿cómo puedo impedir que el mal recibido se reproduzca
a través de mi?
Señor, que interrumpa la cadena de transmisión del mal
y que, si en mi corazón surgiera odio
yo sea capaz de poner amor
contigo,
por ti.
Amén.
Aleluya,
Aleluya.
Aleluya.
domingo, 6 de septiembre de 2026
180.- 06.09.2026. Tiempo ordinario 23 CICLO A
Entrañados.
Juntos, entrelazados contigo, capaces de ser más audaces en el anuncio del Reino.
Insertos en ti, capaces de más lealtad ante tanto y tanto individualismo y narcisismo.
Agrupados, ante tu presencia, capaces de más centramiento en lo esencial frente a la dispersión.
Reunidos, con tu presencia, capaces de más comunión de pensamiento, palabra y obra.
Hombro con hombro, contigo, capaces de más humanidad por amor, por amar, por sembrar el reino.
Anclados en ti, capaces de más cuidado de lo que de verdad merece la pena ser cuidado.
Cimentados en ti, capaces de más testimonio de la nueva vida a la que todos estamos llamados.
Aunados, contigo, capaces de ser más testigos de la fraternidad a la que estamos llamados.
Injertados en ti, capaces de más esperanza diaria en los tiempos ansiosos que nos toca vivir.
Implantados, en ti, capaces de más esperanza en estos tiempos sombríos.
Arraigados en ti, capaces de más encuentro en estos tiempos de tanta soledad.
Enraizados en ti, capaces de más confianza en las mejores capacidades del ser humano.
Asentados en ti, capaces de más orientación en medio de los desconciertos que vivimos.
Juntos, ante tu presencia, capaces de más evangelio palpable y entendible.
Congregados, por tu presencia, capaces de más gratuidad frente al interés egocéntrico.
Cercanos, con tu presencia, capaces de más hondura en la convivencia.
Compenetrados, por tu presencia, capaces de cuidar más la humanidad en estos tiempos de desconcierto.
Cimentados en ti, capaces de más madurez, más crecimiento, más comunidad.
Acompasados en tu presencia, capaces de más oración y más silencio.
Conectados con tu presencia, capaces de más sobriedad frente a los absurdos de la avidez.
Afianzados en ti, capaces de más inteligencia y verdad ante tanta y tanta sandez y manipulación.
Fundados en ti, capaces de más respeto y más delicadeza ante tanto y tanto desprecio y abuso.
Incorporados en ti, capaces de más paz y concordia en medio de las polarizaciones malévolas.
Entrañados en ti, Señor, entrañados en ti.
sábado, 29 de agosto de 2026
179.- 30.08.2026. Tiempo ordinario 22 CICLO A
.Señor, mi refugio en lo abrasivo de los límites personales.
Señor, mi refugio en los accidentes absurdos del vivir entre geometrías y angustias.
Señor, mi refugio en mis aislamientos punzantes.
Señor, mi refugio en las amenazas de estos tiempos dislocados.
Señor, mi refugio en la ambigüedad de las palabras.
Señor, mi refugio en mis anhelos de certezas.
Señor, mi refugio en mis ansiedades reales o inducidas.
Señor, mi refugio cuando estar arrojado en el mundo me paraliza.
Señor, mi refugio en la banalidad que nos circunda.
Señor, mi refugio en los cadenazos de la desesperación.
Señor, mi refugio en el cansancio que no sana el descanso.
Señor, mi refugio en la carencia de vínculos gratificantes.
Señor, mi refugio en las cavernas de mi conciencia.
Señor, mi refugio cuando se cierran puertas saludables.
Señor, mi refugio en las complicaciones estúpidas de la existencia.
Señor, mi refugio en los conflictos enquistados.
Señor, mi refugio en las culpas de mis sandeces.
Señor, mi refugio en los delirios de autosuficiencia.
Señor, mi refugio en el desamparo ante mis sombras.
Señor, mi refugio en los desollones de las relaciones.
Señor, mi refugio en las distracciones constantes.
Señor, mi refugio ante las doctrinas imperiosas e idolátricas.
Señor, mi refugio en el dolor de no haber llegado a ser lo que podría haber sido.
Señor, mi refugio en la dureza de la renuncia consciente.
Señor, mi refugio en los encuentros desasosegantes.
Señor, mi refugio en la enfermedad intimidante.
Señor, mi refugio en el escepticismo voraz.
Señor, mi refugio en la extrañeza de sentirse vivo.
Señor, mi refugio en el fracaso sádico.
Señor, mi refugio en la fragilidad ineludible de la vida humana.
Señor, mi refugio en las fragilidades de mi voluntad.
Señor, mi refugio en la habitual falta de garantías de mi palabra.
Señor, mi refugio en las heridas infectadas en mi ánimo.
Señor, mi refugio en mis huidas de mí mismo.
Señor, mi refugio en la impertinencia de la muerte cercana.
Señor, mi refugio en la imposibilidad de expresar el sufrimiento.
Señor, mi refugio en las impurezas de mi autenticidad.
Señor, mi refugio en mi incapacidad de amar.
Señor, mi refugio en las incertidumbres de mi libertad.
Señor, mi refugio en mis incertidumbres tan humanas.
Señor, mi refugio en la incomunicación inexorable.
Señor, mi refugio en las inevitables vergüenzas.
Señor, mi refugio en lo inexorable del envejecimiento.
Señor, mi refugio en lo insólito de poder odiar.
Señor, mi refugio en la intuición de sentirme arrojado en medio de la ciudad.
Señor, mi refugio en la irreversibilidad del tiempo.
Señor, mi refugio en lo irreversible de las decisiones personales.
Señor, mi refugio en el juicio mezquino de los demás.
Señor, mi refugio en los juicios que me hago a mí mismo.
Señor, mi refugio en mis luchas contra las máscaras que me troquelan.
Señor, mi refugio en las máscaras de mi soberbia.
Señor, mi refugio en la memoria de mis posibilidades frustradas.
Señor, mi refugio en la mengua de capacidades.
Señor, mi refugio en el miedo a la responsabilidad.
Señor, mi refugio en los miedos a la hora de decidir.
Señor, mi refugio en mis miedos a la libertad valiente.
Señor, mi refugio en las miradas opacas.
Señor, mi refugio cuando el mundo deja de ser obvio.
Señor, mi refugio en un mundo que me trastorna.
Señor, mi refugio en las nieblas de la libertad.
Señor, mi refugio en mis nostalgias que me amargan la vida.
Señor, mi refugio en la opacidad de la conciencia del momento presente.
Señor, mi refugio en la parálisis de la irresponsabilidad.
Señor, mi refugio en el pasmo de mi capacidad de odiar.
Señor, mi refugio en la pérdida de lealtades.
Señor, mi refugio en el peso cruel de errores pasados.
Señor, mi refugio en el poder mis autoengaños.
Señor, mi refugio en las porosidades de mi identidad.
Señor, mi refugio en la posibilidad de equivocarme sin remedio.
Señor, mi refugio en las presencias tóxicas.
Señor, mi refugio en los rejonazos de la memoria.
Señor, mi refugio en mi respiración sobresaltada.
Señor, mi refugio en los revolcones de mi biografía.
Señor, mi refugio en la rutina gris para ganarme la vida.
Señor, mi refugio en no saber qué hacer de verdad con mi vida.
Señor, mi refugio cuando no sé manejarme con lo que me ha sucedido.
Señor, mi refugio cuando no sé qué hacer con lo que la vida ha hecho de mí.
Señor, mi refugio en el silencio estéril del resentimiento.
Señor, mi refugio en el sinsentido pegajoso de la publicidad.
Señor, mi refugio en la soledad dura de los domingos por la tarde.
Señor, mi refugio en el tedio de lo diario.
Señor, mi refugio en los temores que me crean pesadillas.
Señor, mi refugio en la tentación de esconderme en el «se» impersonal.
Señor, mi refugio en la toma de conciencia de la posibilidad de la nada.
Señor, mi refugio en las turbulencias de mi corazón.
Señor, mi refugio en el vacío que abduce.
Señor, mi refugio en el vértigo de las decisiones a largo plazo.
Señor, mi refugio en lo vulnerable de la vida cotidiana.
sábado, 22 de agosto de 2026
178.- 23.08.2026. Tiempo ordinario 21. CICLO A
Cristo
Cristo, esperanza pascual
Cristo, árbol de vida
Cristo, ternura compasiva
Cristo, fidelidad inquebrantable
Cristo, silencio santo
Cristo, abrazo salvador
Cristo, mirada de Dios
Cristo, agua bautismal
Cristo, permanencia constante
Cristo, amigo verdadero
Cristo, misericordia infinita
Cristo, claridad luminosa
Cristo, entrega redentora
Cristo, raíz mesiánica
Cristo, comunión trinitaria
Cristo, amanecer glorioso
Cristo, responsabilidad fraterna
Cristo, gracia santificante
Cristo, atención misericordiosa
Cristo, vida eterna
Cristo, acogida evangélica
Cristo, hondura espiritual
Cristo, anuncio liberador
Cristo, confianza filial
Cristo, pan eucarístico
Cristo, sobreabundancia gratuita
Cristo, compañero fiel
Cristo, reconciliación salvífica
Cristo, luz resucitada
Cristo, abandono confiado
Cristo, bienaventuranza celestial
Cristo, conversión interior
Cristo, aceite consagrado
Cristo, llamada vocacional
Cristo, amor crucificado
Cristo, respuesta obediente
Cristo, fecundidad apostólica
Cristo, verdad encarnada
Cristo, alianza nueva
Cristo, cuidado pastoral
Cristo, vino sacramental
Cristo, reino escatológico
Cristo, aurora resucitada
Cristo, gratuidad sobreabundante
Cristo, hermano universal
Cristo, don gratuito
Cristo, compasión entrañable
Cristo, lo más humano de lo humano
Amén.
Aleluya,
Aleluya.
Aleluya.
sábado, 15 de agosto de 2026
177.- 16.08.2026. Tiempo ordinario 20. CICLO A
Bienaventuranzas de la fe
Bienaventurado el que, aun teniendo un miedo urgente de certezas para su corazón, aprende a caminar sostenido por una confianza más honda que sus seguridades.
Bienaventurado el que reconoce en sí las heridas de milenios, las mismas que atraviesan a todos los seres conscientes, porque su fragilidad puede convertirse en compasión universal.
Bienaventurado el que descubre que las palabras pomposas de siempre se quedan escasas, porque comienza a buscar una verdad más desnuda, humilde y verdadera.
Bienaventurado el que desconfía de las verdades troqueladas, demasiado fáciles, demasiado resolutivas y demasiado controladas, porque permanece abierto al misterio que ninguna fórmula puede encerrar.
Bienaventurado el que, en medio de lo confuso y de sus desvaríos nocturnos, sigue hablando con Dios, porque incluso una oración quebrada puede ser una forma profunda de fe.
Bienaventurado el que descubre la costra coriácea de su ego, porque puede comenzar a quebrarla hasta dejar que su alma vuelva a ser vulnerable, receptiva y compasiva.
Bienaventurado el que se deja herir por esas preguntas que llegan como navajazos y que pocos se atreven a abordar, porque una pregunta verdadera puede conducir más lejos que una respuesta aprendida.
Bienaventurado el que no confunde la soberbia de algunos clérigos con el Evangelio, porque seguirá buscando una Iglesia capaz de reunir, servir y crear comunión.
Bienaventurado el que no se conforma con devociones doloristas poco reflexionadas, poco creíbles y poco liberadoras, porque busca una fe que sane, ilumine y ensanche la vida.
Bienaventurado el que echa de menos una humildad visible en quienes se llaman cristianos, porque ha comprendido que el Evangelio se acredita más por la irradiación de una vida que por la proclamación de unas palabras.
Bienaventurado el que reconoce que no es tan listo ni tan bueno de pensamiento, palabra y obra, porque quien acepta sus límites comienza a vivir desde la humildad y la misericordia.
Bienaventurado el que se pregunta si verdaderamente cree o si solamente recubre con palabras su biografía desvencijada, porque esa sospecha puede purificar su fe de engaños y disfraces.
Bienaventurado el que descubre sus intentos de zafarse del camino necesario e imperioso de la conversión, porque reconocer la huida es ya comenzar el regreso.
Bienaventurado el que se pregunta con sinceridad si busca verdaderamente la verdad, el bien y la santidad, porque quien examina radicalmente sus deseos puede comenzar a ordenar su corazón.
Bienaventurado el que aprende a entregarse a la libertad, a la alegría y al juego, porque descubre que la vida recibida como gracia no necesita ser poseída ni controlada.
Bienaventurado el que reconoce en sí las heridas de una cultura obsesionada con el éxito y la autosuficiencia, porque puede aprender que vivir no consiste en triunfar, sino en recibir, agradecer, compartir y amar.
Bienaventurado el que aprende a guardar silencio reverente, porque en el silencio deja de dominar la realidad y comienza humildemente a recibirla.
Bienaventurado el que busca personas capaces de responder, con palabras y con obras, a la consternación de nuestro tiempo, porque no ha renunciado a creer que todavía son posibles la lucidez, la compasión y la esperanza.
Bienaventurado el que recuerda la muerte y a sus muertos, porque la memoria de la finitud puede enseñarle a amar lo que vive con una hondura nueva.
Bienaventurado el que se pregunta si busca a Dios o si se busca solamente a sí mismo en la fiebre de su abatimiento, porque una fe que se deja interrogar puede hacerse más limpia, más gratuita y más verdadera.
Bienaventurado el que no sabe todavía si es un prófugo casi calcinado o un peregrino sediento, porque mientras permanezca la sed permanece también abierto el camino.
Bienaventurado el que contempla el tren de su vida sin saber si se aproxima a la plenitud santa o a la decadencia mineral, porque aprende a confiar incluso cuando desconoce la estación última de su viaje.
Bienaventurado el que reconoce cuándo se deja arrastrar por el resentimiento, la indiferencia o el narcisismo, porque aquello que puede ser reconocido puede también ser atravesado y transformado.
Bienaventurado el que añora días que puedan ser verdaderamente grandes, porque todavía conserva dentro de sí hambre de plenitud, de celebración y de sentido.
Bienaventurado el que siente extrañeza ante un mundo raro y turbio impregnado por el olor frío de las monedas, porque todavía no ha permitido que su corazón confunda el precio de las cosas con su valor.
Bienaventurado el que sabe dudar, porque una duda humilde puede ser más sana para la fe que una certeza arrogante, impermeable al misterio y a la búsqueda.
Bienaventurado el que soporta las coces de las acémilas de su espíritu cuando intenta permanecer en silencio contemplativo ante Dios, porque también la dispersión, la inquietud y la lucha interior pueden convertirse en materia de oración.
Bienaventurado el que atraviesa la tristeza de escarcha sin remedio sin convertirla en la última palabra sobre su existencia, porque incluso bajo el invierno del alma puede permanecer escondida una semilla de esperanza.
Bienaventurado el que reconoce su tentación de subsumirse en el vacío y huir sin rumbo, porque puede comenzar a regresar hacia sí mismo, hacia los otros y hacia Dios.
Bienaventurado el que pide ser salvado de sí mismo, porque ha comprendido que la verdadera libertad comienza cuando uno deja de considerarse autosuficiente.
Bienaventurado el que desea una confianza más auténtica, porque ha comenzado a preferir la verdad de la fe a la seguridad de las certezas.
Bienaventurado el que busca una confianza más desnuda, porque ya no necesita revestir el misterio con demasiadas explicaciones para permanecer ante él.
Bienaventurado el que aprende una confianza más entregada, porque comprende que creer no consiste únicamente en entender, sino también en consentir, acoger y abandonarse.
Bienaventurado el que continúa confiando más allá de su lucidez y de su ceguera, porque ha descubierto que Dios puede ser buscado tanto en la claridad como en la noche.
Bienaventurado el que duda y, sin embargo, sigue diciendo «Señor, sálvame», porque su misma súplica revela que, debajo de todas sus incertidumbres, todavía permanece viva la confianza.
Bienaventurado el que no convierte sus dudas en una morada definitiva, sino en camino, porque la duda atravesada con sinceridad puede transformarse en búsqueda, la búsqueda en entrega y la entrega en fe.
Bienaventurado el que no exige a Dios que elimine todas sus oscuridades, porque aprende poco a poco que creer también significa caminar de noche sin dejar de caminar.
Bienaventurado el que permite que sus preguntas purifiquen sus imágenes de Dios, porque quizá pierda muchas certezas, pero puede acercarse al Misterio con mayor verdad.
Bienaventurado el que acepta no poseer a Dios con sus conceptos, palabras, doctrinas o emociones, porque empieza a comprender que Dios no es una respuesta poseída, sino una Presencia recibida.
Bienaventurado, finalmente, el que puede decir en medio de todas sus dudas: «No sé del todo, no veo del todo, no comprendo del todo, pero me entrego», porque quizá esa confianza desnuda sea una de las formas más puras de la fe.
Amén.
Aleluya,
Aleluya.
Aleluya.
viernes, 7 de agosto de 2026
176.- 09.08.2026. Tiempo ordinario 19. CICLO A
¿Por qué has dudado?
Dudo porque tengo ese miedo urgente de certezas para mi corazón.
Señor, sálvame.
Dudo porque padezco heridas de milenios, las mismas que todos los seres conscientes.
Señor, sálvame.
Dudo porque las palabras pomposas de siempre se me quedan muy escasas.
Señor, sálvame.
Dudo porque reacciono ante tanta verdad troquelada,
demasiado fácil, demasiado resolutiva, demasiado controlada.
Señor, sálvame.
Dudo porque no sé, si en lo confuso, escuchas mis desvaríos nocturnos.
Señor, sálvame.
Dudo porque la costra de mi ego hace que mi alma sea coriácea.
Señor, sálvame.
Dudo porque hay preguntas como navajazos que pocos abordan y saben responder.
Señor, sálvame.
Dudo porque hay clérigos soberbios que muchas veces desunen en vez de crear comunión .
Señor, sálvame.
Dudo porque hay devociones doloristas poco reflexionadas, poco creíbles, poco liberadoras.
Señor, sálvame.
Dudo porque hay cristianos en los que la humildad no es una irradiación evidente.
Señor, sálvame.
Dudo porque no soy ni tan listo ni tan bueno de pensamiento, palabra y obra.
Señor, sálvame.
Dudo porque no sé si creo o simplemente disfrazo mi biografía desvencijada con palabras y palabras.
Señor, sálvame.
Dudo porque busco zafarme del camino de conversión necesario e imperioso.
Señor, sálvame.
Dudo porque en el fondo, no busco ni la verdad ni el bien ni la santidad.
Señor, sálvame.
Dudo porque no me entrego a la libertad, a la alegría y al juego.
Señor, sálvame.
Dudo porque soy un síntoma de la evidente miseria de la cultura del éxito y la autosuficiencia.
Señor, sálvame.
Dudo porque no sé guardar de verdad silencio reverente en mi vida.
Señor, sálvame.
Dudo porque no encuentro personas que respondan
de palabra y de obra a la consternación rampante de nuestro tiempo.
Señor, sálvame.
Dudo porque me acuerdo muchas veces de la muerte y mis muertos.
Señor, sálvame.
Dudo porque no sé si te busco a ti o me busco a mí en la fiebre de mi abatimiento.
Señor, sálvame.
Dudo porque no sé si soy un prófugo casi calcinado o un peregrino sediento.
Señor, sálvame.
Dudo porque no sé si el tren de mi vida se acerca a la plenitud santa o a la decadencia mineral.
Señor, sálvame.
Dudo porque me dejo llevar por el resentimiento, la indiferencia o el narcisismo.
Señor, sálvame.
Dudo porque casi no tengo días que sean un gran día.
Señor, sálvame.
Dudo porque vivo en un mundo raro y turbio de olores fríos de monedas.
Señor, sálvame.
Dudo porque, acaso, sea la condición más sana de ser creyente.
Señor, sálvame.
Dudo porque las coces de las acémilas de mi espíritu
me amargan la vida cuando intento guardar silencio contemplativo en tu presencia.
Señor, sálvame de la tristeza,
de esa tristeza de escarcha sin remedio.
Señor, sálvame de mi,
de mi subsumirme en el vacío
como una huida sin rumbo.
Señor, sálvame.
Ayúdame a vivir una confianza más auténtica, más desnuda, más entregada
más allá de mi lucidez o de mi ceguera.
Amén.
Aleluya,
Aleluya.
Aleluya.
viernes, 31 de julio de 2026
175.- 02.08.2026. Tiempo ordinario 18. CICLO A
Señor, ¿qué les podemos ofrecer?
Lo sabemos muy bien:
vivir como tu viviste.
Señor, como tú,
dar testimonio de la confianza radical en el Padre
y reconocer a los demás como hermanos
en camino donde compartir
lo que de bueno hay en nuestra vida.
Señor, como tú,
el maestro de la comunión que nos enseña
a reconocer a Dios como Padre,
hagamos lo que hagamos,
nos pase lo que nos pase.
Señor, como tú,
mostrar nuestra cercanía
a los que viven en los márgenes de la sociedad
y reconocer la dignidad humana que debe ser cuidada
por todos los que tienen la cabeza y el corazón en su sitio.
Señor, como tú,
el maestro de la comunión que nos enseña
a tratar a los demás como hermanos,
hagan lo que hagan,
pase lo que pase.
Señor, como tú,
dejarse conmover en lo profundo
de nuestras vidas por el dolor y el sufrimiento
y reconocer que somos capaces
de actuar para que se cumpla tu deseo de justicia.
Señor, como tú,
el maestro de la comunión que nos enseña
a sentir el dolor ajeno
y a actuar para que se cumpla el Reino de vida
con lo mejor de nosotros mismos.
Señor, como tú,
acoger a todos
ya que nadie queda reducido
a sus errores, a su pasado, a sus límites
y así construir en lo cotidiano
una cultura donde se pueda vivir
cuidando la paz y la humanidad.
Señor, como tú,
el maestro de la comunión que nos enseña
que siempre hay posibilidad de compasión
y nos reta a crear espacios
de perdón y de reconciliación.
Señor, como tú,
ofrecer y recibir perdón
para no quedar encerrados
malignamente en la culpa
y así mostrar que el mal
no tiene la última palabra
y que lo mejor está siempre por llegar.
Señor, como tú,
el maestro de la comunión y de la libertad,
de la esperanza y de la creatividad
que nos indica los caminos de humanización
y de crear una cultura del cuidado y de la novedad
que mejora las cabezas y los corazones
de los seres humanos.
Señor, como tú,
vivir libres frente al poder, la riqueza, el prestigio,
libres frente a los ídolos sociales
y así vivir lúcida y críticamente
ante las tendencias que limitan
lo mejor de las posibilidades humanas: la santidad y la justicia.
Señor como tú,
el maestro de la comunión que nos lanza
a descerrajar las cadenas
que humillan la dignidad humana
y nos impulsa a vivir con coherencia,
con valentía, con autenticidad.
Señor, como tú,
servir humildemente
buscando el cuidado y el bien mayor
para las personas
con las que nos encontramos en la vida
y así mostrarnos humildes seres humanos
sembrando humanidad.
Señor, como tú,
maestro de l comunión y de la humildad,
de la vida cotidiana
y de las relaciones diarias
donde nos llamas a entregar
concretamente la propia vida.
Amén.
Aleluya,
Aleluya.
Aleluya.
viernes, 24 de julio de 2026
174.- 26.07.2026. Tiempo ordinario 17. CICLO A
Lo prioritario
Señor Jesús,
andamos muy dispersos en paparruchas,
muy encerrados en nuestros corralitos emocionales,
muy enardecidos con nuestras peleítas palabreras.
Somos como somos:
necios y torpes para lo que de verdad importa,
tú y tu santo misterio de salvación.
Señor Jesús,
como náufragos
entre escombros
de leyes, ritos y pomposas palabras,
intuimos que tú eres lo esencial.
Céntranos, céntranos más en ti.
Señor Jesús,
confusos,
miedosos,
aturdidos entre tanto ruido hiriente,
presentimos que tú eres lo esencial.
Asegúranos, asegúranos más en ti.
Señor Jesús,
desarraigados,
a la intemperie
en estos tiempos intimidantes
vislumbramos que tú eres lo esencial.
Ilumínanos, ilumínanos más con tu bondad.
Señor Jesús,
escindidos de ti,
escindidos de los demás,
escindidos de nosotros mismos,
nos damos cuenta de que tú eres lo esencial.
Únenos, únenos más a ti.
Señor Jesús,
desorientados,
erráticos,
asustados
como exiliados en tierra de nadie,
alcanzamos a medio comprender
que tú eres lo esencial.
Ábrenos, ábrenos más a ti.
Señor Jesús,
cansados,
desvertebrados,
casi sin aliento,
ante tantos retos,
tantos sufrimientos,
tanta barbarie,
sabemos asombrosamente que tú eres lo esencial.
Arráiganos, arráiganos respiración a respiración más en ti.
Señor Jesús,
lo esencial,
lo fundamental,
lo fontanal.
Señor Jesús,
lo ineludible,
lo vertebrador,
lo medular.
Señor Jesús,
el que da sentido
el que da significado,
el que da sensibilidad.
Señor Jesús,
la entraña,
la vida,
la salvación.
Amén.
Aleluya,
Aleluya.
Aleluya.
sábado, 18 de julio de 2026
173.- 19.07.2026. Tiempo ordinario 16. CICLO A
Danos paciencia…
Señor, quisiéramos mirar como tú miras.
Señor, quisiéramos tener tu sensibilidad.
Señor, quisiéramos vivir la vida desde tu corazón.
Señor, que evitemos las etiquetas malignas y miremos con
misericordia a los que nos rodean.
La vida da muchas vueltas y sólo tú sabes de verdad qué es
vivir con sabiduría.
Señor, que evitemos las prisas al hablar y dejemos espacio a
que lo que pasa se asiente y sea de verdad evidente.
La vida nunca permanece igual y sólo tu acompañas con amor
los procesos de las personas.
Señor, que evitemos las suspicacias y seamos capaces de
comprender con esperanza a las personas.
La vida siempre es más amplia y honda que nuestros juicios
sobre ella y sólo tú tienes derecho a decir la última palabra.
Señor, que evitemos la desconfianza y seamos capaces de
mirar respetando los procesos y las capacidades de los seres humanos con los
que convivimos.
La vida siempre tiene razón y sólo tú abarcas con tu mirada
lo que realmente está en proceso de llegar ser lo mejor posible.
Señor, que evitemos juicios dañinos y miremos con
benevolencia la realidad en la que vivimos día a día.
La vida siempre es más sorprendente de lo que nos parece y
sólo tú nos abres al misterio de lo que acontece.
Señor que evitemos los recelos y seamos capaces de tener una
sensibilidad inocente hacia las novedades que nos regala la realidad.
La vida es impulsada por energías que desconocemos y sólo tú
diriges hacia el máximo bien lo que a nosotros nos parece incompresible.
Señor, que evitemos ser devorados por la envidia y miremos
con cuidado respetuoso los dones que los demás cultivan con toda su mejor
intención.
La vida es un frondoso valle lleno de diversidad y sólo tú
eres capaz de hacer una armonía gozosa y benigna de la multiplicidad de dones
que vivimos los seres humanos.
Señor, que evitemos creernos mejores de lo que somos y
miremos con justicia a las personas que nos rodean.
La vida es imprevisible y sólo tú conoces el corazón de las
personas y sus luchas.
Amén.
Aleluya,
Aleluya.
Aleluya.
sábado, 11 de julio de 2026
172.- 12.07.2026. Tiempo ordinario 15. CICLO A
El que tenga oídos para oír que oiga.
Oír el caminar de las historias pequeñas, cercanas,
personales.
Oírte en las aceras de nuestras ciudades,
Señor de las palabras radicalmente humanas.
Oír el pálpito de los grises de la vida.
Oírte en los sufrimientos evitables,
Señor de las palabras de justicia.
Oír el rumor de lo que realmente merece la pena.
Oírte en las risas de la fraternidad,
Señor de las palabras de comunión
Oír la intensidad de la vida humana inserta en los
dinamismos cósmicos de la vida.
Oírte en los silencios de nuestro corazón,
Señor de las palabras de la verdad de las verdades.
Oír el esfuerzo por la verdad y el bien.
Oírte en las búsquedas de los hombres y mujeres de buena
voluntad.
Señor de las palabras que nos dan sentido fascinante.
Oír la soledad de los que van dando tumbos por la vida.
Oírte en tus palabras claras y directas sobre la verdad del
ser humano,
Señor de las palabras que nos reclaman lo mejor de nosotros
mismos.
Oír la desquiciada aceleración vital que nos da revolcones
día a día.
Oírte en la necesidad de centrarnos en lo esencial de vivir:
amar y ser amados,
Señor de las palabras esenciales que permanecen en nuestra
sensibilidad.
Oír la injusticia cotidiana de los que van tirando por la
vida.
Oírte en los esfuerzos esperanzados por sembrar una cultura
más justa,
Señor de las palabras que nos alientan a mejorar las
relaciones humanas.
Oír los ruidos de la ruina moral que nos desconcierta y
descorazona.
Oírte en los que generan confianza y honestidad por donde
pasan,
Señor de las palabras que nos lanzan al cuidado y a la
honradez.
Oír la necesidad de palabras que nos devuelvan la esperanza.
Oírte en los mejores de nuestra cultura cuando cuidan la
vida por encima de la idolatría del dinero.
Señor de las palabras que nos alimentan día a día en nuestro
vivir y convivir
Oír la humanidad tan humana
Oírte con hambre de santidad y justicia,
Señor de las palabras que salvan ahora y siempre.
Oírte,
Maestro.
Oírte,
Buen pastor.
Oírte,
amor sobre todo amor.
Amén.
Aleluya,
Aleluya.
Aleluya.
sábado, 4 de julio de 2026
171.- 05.07.2026. Tiempo ordinario 14. CICLO A
Venid a mí
Nos sobran los motivos para estar cansados.
Nos sobran los motivos para estar agobiados.
Nos sobran los motivos para estar agotados.
¿Dónde la paz, el sosiego, la belleza de la contemplación de la vida?
¿Dónde el silencio, la escucha, el encuentro de las personas?
¿Dónde la confianza, la naturalidad, la sencillez de corazón?
¿Quién siembra verdad, bien y belleza?
¿Quién riega las semillas de esperanza?
¿Quién cuida los indicios de la nueva humanidad?
¿Cuándo podremos bendecir sin esfuerzo?
¿Cuándo podremos confiar con naturalidad?
¿Cuándo podremos sentirnos en paz?
¿Señor, cómo nos ayudas?
¿Señor, cómo nos orientas?
¿Señor, cómo nos acompañas?
Señor, entre tanta ruina,
tu palabra sigue viva.
Señor, entre tanta niebla,
tu presencia en nuestro silencio contemplativo.
Señor, entre tanto desconcierto
tu aliento en lo mejor de cada ser humano.
Señor,
danos lucidez
para intuir los caminos de la santidad y la justicia.
Señor,
danos paciencia
para caminar entre tanto escombro y tanto miedo.
Señor,
danos valentía
para aportar lo que falta.
Amén.
carmeloampelio@gmail.com https://raspasdefuego.blogspot.com/
sábado, 27 de junio de 2026
170.- 28.06.2026. Tiempo ordinario 13. CICLO A
Prioridades
Cristo, contigo, dejarnos transformar por el evangelio.
Cristo, contigo, vivir tu presencia en el silencio, la
oración, la interioridad.
Cristo, contigo, enfocarnos en los retos que nos pone por
delante el evangelio.
Cristo, contigo, afrontar la sanación de vínculos rotos
dentro y fuera de la iglesia.
Cristo, contigo, reconocerte en los pobres como presencia
que nos indica el criterio último de verdad evangélica.
Cristo, contigo, cuidar la verdad, la libertad, la escucha.
Cristo, contigo, estar disponibles para la humildad, la
paciencia, la sencillez.
Cristo, contigo, sentirnos dentro de los dinamismos de la
vida, de la consciencia, de la comunión.
Cristo, contigo, porque nadie atraviesa con sus fuerzas las
crisis culturales humanas que vivimos y que se avecinan.
Cristo, contigo, hacer visible que la esperanza es posible
en los detalles de la vida cotidiana.
Cristo, contigo, superar las inercias en las que nos
refugiamos.
Cristo, contigo, no militar en la cofradía de los
avinagrados, de los cabreados, de los frustrados.
Cristo, contigo, asociarnos con los que buscan la verdad, el
bien, la justicia.
Cristo, contigo, purificar nuestros deseos. nuestras
miradas, nuestras palabras.
Cristo, contigo, vivir desde la confianza.
Cristo, contigo, vivir desde la vida interior profunda.
Cristo, contigo, vivir desde la creatividad que toca el
corazón de las personas.
Cristo, contigo, vivir la sobriedad solidaria.
Cristo, contigo, vivir buscando destellos de la fuerza de tu
Espíritu.
Cristo, contigo, vivir con más fe.
Cristo, contigo, vivir con más libertad.
Cristo, contigo, vivir con más comunión.
Cristo, contigo, vivir con más cuidado de toda vida.
Cristo, contigo, vivir con más paz.
Cristo, contigo, vivir con más pureza de intención.
Cristo, contigo, vivir buscándote más y más.
carmeloampelio@gmail.com https://raspasdefuego.blogspot.com/
sábado, 20 de junio de 2026
169.- 21.06.2026. Tiempo ordinario 12. CICLO A
NO TENER MIEDO
Señor Jesús:
no tener miedo a la verdad.
Por ti sabemos que el cuidado de la verdad nos hace libres,
nos acerca al Reino.
Tu Reino.
Señor Jesús:
no tener miedo a la fragilidad.
Por ti sabemos que tu poder y tu vida
nos fundamenta en lo mejor de nosotros mismos
y nos acerca al Reino.
Tu Reino.
Señor Jesús:
no tener miedo al sufrimiento.
Por ti sabemos que el sufrimiento,
sea cual sea su origen,
no tiene la última palabra,
aunque nos desazone.
Y esta certeza
nos acerca al Reino,
tu Reino.
Señor Jesús:
no tener miedo de la cultura contemporánea.
Por ti sabemos
que siembre hay semillas de santidad
donde hay seres humanos,
hagan lo que hagan
Esta verdad radical
nos acerca al Reino.
Tu Reino.
Señor Jesús:
no tener miedo de la libertad.
Por ti sabemos que la libertad nos impele
a la dar lo mejor de nosotros
en la siembra y el cultivo de un mundo mejor.
Esta intuición nos acerca al Reino.
Tu Reino.
Señor Jesús:
no tener miedo a las preguntas.
Por ti sabemos que la exploración de las fuerzas de tu
Espíritu
tan presentes en los que cuidan la dignidad humana,
nos acerca al Reino.
Tu Reino.
Señor Jesús:
no tener miedo al cambio.
Por ti sabemos que la realidad es un dinamismo de dinamismos
que nos reclama creatividad y compromiso.
Y esto nos acerca al reino.
Tu Reino.
Señor Jesús:
no tener miedo al juicio de los demás.
Por ti sabemos que nuestra vida está delante del Padre
y que su palabra es la que nos alimenta
y lo que realmente es importante en nuestra vida.
Y esto nos acerca al Reino,
Tu Reino.
Señor Jesús,
superar los miedos,
tan humanos,
tan demasiado humanos…
por ti,
ante ti,
contigo.
Señor Jesús,
Presencia que nos enraíza
en el misterio de la vida,
en el misterio de la santidad,
en el misterio de la comunión.
Amén.
Aleluya,
Aleluya.
Aleluya.
sábado, 13 de junio de 2026
168.- 14.06.2026. Tiempo ordinario 11. CICLO A
Dones
¡Oh, Dios!, que nos das el don de la vida,
nos llamas a la existencia
y nos envías a cuidar la vida.
Aliméntanos, sostennos, ilumínanos.
Ábrenos a la fuerza de tu Espíritu.
¡Oh, Dios!, que nos das el don de la creación,
nos regalas una casa común
y nos envías a testimoniar la biofilia por todos los
rincones del mundo.
Cuídanos, capacítanos, mejóranos.
Ábrenos a la fuerza de tu Espíritu.
¡Oh, Dios!, que nos das el don de la libertad,
nos ofreces la posibilidad de colaborar con tu Reino
y nos envías como constructores de una nueva humanidad en la
vida cotidiana.
Enséñanos, guíanos, alúmbranos.
Ábrenos a la fuerza de tu Espíritu.
¡Oh, Dios!, que nos das el don de la inteligencia,
nos haces ver la posibilidad de conocer la verdad
y nos envías como exploradores de lenguajes que hagan
comprensible tu verdad a todos los hombres.
Inspíranos, purifícanos, renuévanos.
Ábrenos a la fuerza de tu Espíritu.
¡Oh, Dios!, que nos das el don del amor,
nos generas la posibilidad de crear fraternidad
y nos envías como semilla de comunión allí donde tu
providencia nos coloque.
Haznos humildes, haznos justos, haznos misericordiosos.
Ábrenos a la fuerza de tu Espíritu.
¡Oh, Dios!, que nos das el don de la consciencia,
donde nos hablas al corazón nombrándonos con nuestro nombre
propio.
y nos envías a ser testigos de tu presencia.
Ilumina nuestra mente, limpia nuestra mirada, enciende
nuestro corazón.
Ábrenos a la fuerza de tu Espíritu.
¡Oh, Dios!, que nos das el don de la fe,
nos abres a la posibilidad de vivir con confianza en la
realidad
y nos envías a comunicar con palabras y con obras la
presencia incipiente del Reino.
Haznos humildes, haznos justos, haznos misericordiosos.
Ábrenos a la fuerza de tu Espíritu.
¡Oh, Dios!, que nos das el don de la esperanza,
nos facilitas la posibilidad de vivir sostenidos en las
dificultades de la vida
y nos envías a sanar los corazones doloridos.
Alienta nuestro cansancio, cura nuestras heridas, despierta
nuestra confianza.
Ábrenos a la fuerza de tu Espíritu.
¡Oh, Dios!, que nos das el don de la sabiduría,
nos abres la mente y el corazón a la posibilidad de vivir
con sentido, significado y sensibilidad
y nos envías a ser la sal de la tierra y la luz del mundo,
Danos paciencia, danos lucidez, danos alegría.
Ábrenos a la fuerza de tu Espíritu.
¡Oh, Dios!, que nos das el don de la salvación,
nos llamas a la plenitud de las plenitudes
y nos envías a ser hombres y mujeres que irradian la alegría
de vivir.
Enséñanos a escuchar, enséñanos a servir, enséñanos a amar.
Ábrenos a la fuerza de tu Espíritu.
Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya.
domingo, 7 de junio de 2026
167.- 07.06.2026. CORPUS. CICLO A
Presencia de las presencias
Señor,
presencia de las presencias,
ante ti,
contigo,
por ti,
ante la inmensa comunión que revelas,
ante la inmensa santidad que irradias,
ante el inmenso misterio del misterio que nunca falla
te decimos desde nuestro corazón
que nos alimentes para…
Ser de los que abren caminos de encuentro donde otros solo
ven fronteras, distancias y amenazas.
Ser cauces de compasión activa para no pasar de largo ante
el dolor ajeno como si nada nos concerniera.
Ser signos de sobriedad alegre en este mundo devorado por el
consumo, la comparación y el deseo sin límite.
Ser testigos de una alegría profunda que no nace del ruido,
del consumo o del éxito, sino de saberse amados.
Ser aprendices de misericordia allí donde otros prefieren
levantar juicio, distancia y condena.
Ser transparencia cotidiana del amor de Dios en un mundo que
necesita volver a creer que la salvación puede empezar por un gesto sencillo.
Ser transparencia de tu amor en este mundo roto que necesita
volver a creer en la bondad.
Ser de los que anuncian, con palabras y obras, que la
humanidad no está condenada al egoísmo, sino llamada a la comunión.
Ser testigos de la belleza del Evangelio en medio de una
cultura cansada de discursos falaces sin vida.
Ser servidores discretos del bien en este mundo obsesionado
con el reconocimiento, el aplauso y la apariencia.
Ser testigos de una bondad resistente en este tiempo
inclinado al cinismo, al desprecio y a la indiferencia.
Ser alfareros de humanidad capaces de modelar gestos de
cuidado, paciencia, perdón y delicadeza.
Ser alfareros de ternura capaces de modelar gestos sencillos
de acogida, perdón, cercanía y cuidado.
Ser orfebres de reconciliación capaces de trabajar con
delicadeza las grietas más dolorosas de la convivencia humana.
Ser cuidadores de la casa común en un mundo que hiere la
tierra como si no fuera hogar, madre y herencia.
Ser sacramento humilde de cercanía en ciudades donde
demasiadas personas viven rodeadas de gente, pero profundamente solas.
Ser lámparas encendidas de compasión en este mundo tantas
veces oscurecido por la indiferencia, el recelo o la malevolencia.
Ser sembradores de bondad y verdad concreta en este mundo
cansado de discursos vacíos y promesas incumplidas.
Ser manos abiertas de consuelo en este mundo herido por
tantas soledades invisibles.
Ser guardianes de la creación en este mundo que explota la
tierra como si no fuera casa común.
Ser defensores de los descartados allí donde los pobres, los
migrantes, los enfermos y los frágiles quedan al margen.
Ser orantes de corazón despierto, capaces de sostener ante
Dios las lágrimas, los anhelos y las preguntas del mundo.
sábado, 30 de mayo de 2026
166.- 01.06.2006. TRINIDAD. CICLO A
En el nombre del agua viva, del pan entregado y del vino de la fiesta.
En el nombre de la alegría sencilla, de la gratitud profunda
y de la fiesta compartida.
En el nombre del amor que precede, de la gracia que acompaña
y de la plenitud que atrae.
En el nombre de la aurora que despierta, del mediodía que
esclarece y del atardecer que pacifica.
En el nombre de la belleza escondida, de la bondad cotidiana
y de la verdad paciente.
En el nombre de la bondad sin frontera, de la justicia
restauradora y de la paz que desarma.
En el nombre de la claridad interior, de la libertad
responsable y del amor perseverante.
En el nombre de la compasión que cura, de la lucidez que
orienta y de la alegría que ensancha.
En el nombre de la confianza que sostiene, de la fidelidad
que permanece y de la promesa que no defrauda.
En el nombre del corazón traspasado, de la herida sanada y
de la vida reconciliada.
En el nombre de la fuente escondida, del camino abierto y
del fuego que purifica.
En el nombre de la hospitalidad abierta, de la mesa
compartida y de la casa común.
En el nombre de la inocencia recuperada, de la madurez
agradecida y de la santidad cotidiana.
En el nombre de la luz primera, de la palabra creadora y del
amor que sostiene.
En el nombre de la mirada limpia, del corazón disponible y
de las manos servidoras.
En el nombre de la misericordia que abraza, de la verdad que
libera y de la belleza que transfigura.
En el nombre del misterio cercano, de la presencia discreta
y del soplo que renueva.
En el nombre de la montaña silenciosa, del valle fecundo y
del horizonte luminoso.
En el nombre de la pobreza fecunda, de la humildad luminosa
y de la gratuidad desbordante.
En el nombre de la presencia que acompaña, del cuidado que
protege y de la fuerza que levanta.
En el nombre de la raíz profunda, del tronco resistente y
del fruto compartido.
En el nombre de la sabiduría humilde, de la inteligencia
cordial y del discernimiento sereno.
En el nombre del silencio fecundo, de la escucha profunda y
de la palabra que consuela.
En el nombre de la ternura originaria, de la fraternidad
reconciliada y de la esperanza invencible.
En el nombre de la unidad profunda, de la diversidad
celebrada y de la comunión creciente.
En el nombre de la vida que germina, de la tierra que acoge
y del cielo que llama.
Amén. Aleluya. Aleluya. Aleluya.
miércoles, 20 de mayo de 2026
165.- 24.05.2006. PENTECOSTÉS. CICLO A
Ven, Espíritu Santo.
Ven, Espíritu Santo,
ábrenos a la vida.
Ven, Espíritu Santo,
acompásanos a tu ritmo.
Ven, Espíritu Santo,
alúmbranos a la vida nueva.
Ven, Espíritu Santo,
aférranos al cuidado de la vida.
Ven, Espíritu Santo,
atráenos, atráenos aún más.
Ven, Espíritu Santo,
arráiganos aún más en Cristo.
Ven, Espíritu Santo,
adóptanos como si fuéramos perrillos perdidos en la ciudad.
Ven, Espíritu Santo,
acógenos con tu ternura.
Ven, Espíritu Santo,
atraviesa con nosotros nuestras sombras.
Ven, Espíritu Santo,
absuélvenos de nuestras estupideces.
Ven, Espíritu Santo,
airéanos de nuestras sombras.
Ven, Espíritu Santo,
aligéranos de nuestras culpas.
Ven, Espíritu Santo,
arráncanos del miedo.
Ven, Espíritu Santo,
adelgázanos el ego.
Ven, Espíritu Santo,
agrándanos el alma.
Ven, Espíritu Santo,
acompáñanos en nuestros desiertos.
Ven, Espíritu Santo,
acreciéntanos en santidad.
Ven, Espíritu Santo,
acrisólanos en tu fuego.
Ven, Espíritu Santo,
adéntranos en los santos misterios.
Ven, Espíritu Santo,
afirmamos en la esperanza.
Ven, Espíritu Santo,
agrácianos en nuestras palabras diarias.
Ven, Espíritu Santo,
ahóndanos en la luz.
Ven, Espíritu Santo,
anídanos en tu Trinidad.
Ven, Espíritu Santo,
apasiónanos en el cuidado de la vida.
Ven, Espíritu Santo,
aquilátanos en tu fuego.
Ven, Espíritu Santo,
asómbranos en nuestras apatías.
Ven, Espíritu Santo,
atempéranos en nuestras codicias.
Ven, Espíritu Santo,
avívanos en lo mortecino de nuestras vidas.
Ven, Espíritu Santo,
alégranos la vida.
Ven, Espíritu Santo,
aproxímanos mucho más a la fraternidad.
Ven, Espíritu Santo,
acláranos nuestra identidad.
Ven, Espíritu Santo,
ampara nuestra fragilidad.
Ven, Espíritu Santo,
amplía nuestra fe.
Ven, Espíritu Santo,
afloja nuestras rigideces.
Ven, Espíritu Santo,
apacienta nuestro corazón.
Ven, Espíritu Santo,
aquieta nuestros miedos.
Ven, Espíritu Santo,
acállanos por dentro.
Ven, Espíritu Santo,
adhiérenos por siempre a la Iglesia.
Amén. Aleluya.
Aleluya. Aleluya.
domingo, 17 de mayo de 2026
164.- 17.05.2006. DOMINGO 7 DE PASCUA. CICLO A
Presencia
Señor Jesús.
Presencia en nuestros abrazos,
como el ardiente amor que nos une.
Presencia en nuestras acciones,
como la ardiente energía que nos impulsa.
Presencia en nuestra adoración,
como el ardiente misterio que nos sustenta.
Presencia en nuestras alegrías,
como la ardiente confirmación de nuestra fe.
Presencia en nuestras amistades,
como el ardiente sustento en estos extraños tiempos.
Presencia en nuestros aprendizajes,
como el ardiente estímulo para nuestro crecimiento como
seres humanos.
Presencia en nuestras búsquedas,
como el ardiente reclamo para nuestros corazones inquietos.
Presencia en nuestras caídas,
como la ardiente confirmación de que lo negativo no es la
última palabra.
Presencia en nuestras calles,
como la ardiente vitalidad del corazón humano.
Presencia en nuestros caminos,
como la ardiente luz que nos atrae.
Presencia en nuestras canciones
como la ardiente inspiración que nos eleva.
Presencia en nuestros cansancios
como la ardiente esperanza que nos habita.
Presencia en nuestras casas
como la ardiente certeza de tanto amor inacabable.
Presencia en nuestras celebraciones
como la ardiente alegría de la vida compartida
Presencia en nuestros compromisos
como la ardiente esperanza activa de un mundo mejor.
Presencia en la comunidad reunida
como la ardiente urdimbre que nos une.
Presencia en nuestra confianza
como la ardiente sed saciada por amor.
Presencia en nuestras conversaciones
como la ardiente mirada que busca lo mejor de la vida.
Presencia en nuestros corazones
como la ardiente pasión por una amor sobre todo amor.
Presencia en nuestras cruces cotidianas
como la ardiente esperanza de que todo acabará bien.-
Presencia en nuestros cuidados
como la ardiente ternura que ayuda a salvar al mundo.
Presencia en nuestros descansos
como una ardiente paz que nos serena.
Presencia en nuestras decisiones
como una ardiente respuesta a una llamada que nos da la
vida.
Amén. Aleluya. Aleluya. Aleluya.