Presencia de las presencias
Señor,
presencia de las presencias,
ante ti,
contigo,
por ti,
ante la inmensa comunión que revelas,
ante la inmensa santidad que irradias,
ante el inmenso misterio del misterio que nunca falla
te decimos desde nuestro corazón
que nos alimentes para…
Ser de los que abren caminos de encuentro donde otros solo
ven fronteras, distancias y amenazas.
Ser cauces de compasión activa para no pasar de largo ante
el dolor ajeno como si nada nos concerniera.
Ser signos de sobriedad alegre en este mundo devorado por el
consumo, la comparación y el deseo sin límite.
Ser testigos de una alegría profunda que no nace del ruido,
del consumo o del éxito, sino de saberse amados.
Ser aprendices de misericordia allí donde otros prefieren
levantar juicio, distancia y condena.
Ser transparencia cotidiana del amor de Dios en un mundo que
necesita volver a creer que la salvación puede empezar por un gesto sencillo.
Ser transparencia de tu amor en este mundo roto que necesita
volver a creer en la bondad.
Ser de los que anuncian, con palabras y obras, que la
humanidad no está condenada al egoísmo, sino llamada a la comunión.
Ser testigos de la belleza del Evangelio en medio de una
cultura cansada de discursos falaces sin vida.
Ser servidores discretos del bien en este mundo obsesionado
con el reconocimiento, el aplauso y la apariencia.
Ser testigos de una bondad resistente en este tiempo
inclinado al cinismo, al desprecio y a la indiferencia.
Ser alfareros de humanidad capaces de modelar gestos de
cuidado, paciencia, perdón y delicadeza.
Ser alfareros de ternura capaces de modelar gestos sencillos
de acogida, perdón, cercanía y cuidado.
Ser orfebres de reconciliación capaces de trabajar con
delicadeza las grietas más dolorosas de la convivencia humana.
Ser cuidadores de la casa común en un mundo que hiere la
tierra como si no fuera hogar, madre y herencia.
Ser sacramento humilde de cercanía en ciudades donde
demasiadas personas viven rodeadas de gente, pero profundamente solas.
Ser lámparas encendidas de compasión en este mundo tantas
veces oscurecido por la indiferencia, el recelo o la malevolencia.
Ser sembradores de bondad y verdad concreta en este mundo
cansado de discursos vacíos y promesas incumplidas.
Ser manos abiertas de consuelo en este mundo herido por
tantas soledades invisibles.
Ser guardianes de la creación en este mundo que explota la
tierra como si no fuera casa común.
Ser defensores de los descartados allí donde los pobres, los
migrantes, los enfermos y los frágiles quedan al margen.
Ser orantes de corazón despierto, capaces de sostener ante
Dios las lágrimas, los anhelos y las preguntas del mundo.