sábado, 7 de noviembre de 2026

189.- 08.11.2026. Tiempo ordinario 3. CICLO A

Velad, velad.

 

Frente a la tentación de asimilarnos a corrientes de pensamiento dominantes poco humanizadoras,

ábrenos la mente, los ojos y el corazón, Señor.

¡Que no nos alejemos de ti, maestro!

¡No queremos ser mundanos!

Frente a la tentación de controlar, de mandar, de dominar,

ábrenos la mente, los ojos y el corazón, Señor.

¡Que no nos alejemos de ti, maestro!

¡No queremos ser clericalísticos ni autoritarios!

 Frente a la tentación de la idolatría del dinero,

ábrenos la mente, los ojos y el corazón, Señor.

¡Que no nos alejemos de ti, maestro!

 Frente a la tentación de separar la fe de las dinámicas malignas de la historia,

ábrenos la mente, los ojos y el corazón, Señor.

¡Que no nos alejemos de ti, maestro!

No queremos confundir el ser con el tener, el bienestar material con la plenitud humana.

Frente a la tentación de oscurecer la misericordia por las normas demasiado humanas,

ábrenos la mente, los ojos y el corazón, Señor.

¡Que no nos alejemos de ti, maestro!

No queremos minusvalorar tu encarnación, encarnación en carne humana, en carne doliente muy humana.

Frente a la tentación de crear fronteras ideológicas, patrioteras, emocionales.

ábrenos la mente, los ojos y el corazón, Señor.

¡Que no nos alejemos de ti, maestro!

No queremos encanijarnos humana y espiritualmente por nuestros miedos, nuestras limitaciones, nuestras necedades.

Frente a la tentación de la superficialidad del consumismo religioso, lleno de palabrería y de poses,

ábrenos la mente, los ojos y el corazón, Señor.

¡Que no nos alejemos de ti, maestro!

No queremos confundir la intensidad emocional con los procesos de crecimiento personal y espiritual.

Frente a priorizar la conservación sobre la misión,

ábrenos la mente, los ojos y el corazón, Señor.

¡Que no nos alejemos de ti, maestro!

No queremos confundir fidelidad con parálisis, mantener estructuras con fecundidad evangélica, palabras llenas de retos con rutinas desalmadas.

Frente a la maligna tentación de desentendernos de los más vulnerables,

ábrenos la mente, los ojos y el corazón, Señor.

¡Que no nos alejemos de ti, maestro!

No queremos vivir tranquilos en nuestros refugios eclesiales sin dejarnos conmover las entrañas por tanto sufrimiento evitable.

Frente a la tentación de encerrarnos en el miedo y en lo que ya sabemos,

ábrenos la mente, los ojos y el corazón, Señor.

¡Que no nos alejemos de ti, maestro!

No queremos caer ni en desesperanzas ni en dinamismo de resentimiento estéril.

 

carmeloampelio@gmail.com  

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